Thursday, February 21, 2008
Thursday, February 14, 2008
Febrero 14.
Programas Radiales.
Nunca me casaría contigo ni te volvería a dar un beso.
No donaría un órgano para salvarte la vida ni aunque me sobraran.
Porque eres un mal hombre que no le cae bien a nadie.
Pero Nicolás me dijo un día que si uno amaba a alguien debía decírselo alguna vez.
Odio los 14 de febrero y a las parejas que hay en ellos.
Yo paso este día con la Clau no de la mano, comiendo helados malos y viendo buenas películas en los cines.
Yo paso este día teniendo sueños feos y agradeciendo la lejanía de las calles Santiaguinas.
Yo paso este día no haciéndole caso a Nicolás, porque es un mal hombre que no le cae bien a nadie.
Monday, February 11, 2008
Bolivian Popurri
Not To Morirse (Versión sin mar esta vez).
Miércoles 30 de enero.
Pienso en Heath Ledger, en mi mamá, en mis ahogos, en mis nervios, mis 300 pesos, la familia, mi papi sentándome en sus piernas el año nuevo del 92, mi mami llorando en una capilla de La Florida. Vamos en un auto de noche por una ciudad sucia, como cuando íbamos por Santiago buscando morfina para mi hermano Claudito. Pienso. Lloro en la cama y marco con lágrimas mi miedo asfixiante a morirme acá, en medio de unas vacaciones terroríficas. La alergia sube por mi cara, mi cabeza y mi cuello. Mi oído sordo a punto de reventarse, mi pecho que se ahoga y que no sé si es por esta alergia o por el infantil miedo al paro respiratorio. Y todos se asustan a las dos de la mañana y quiero a mi mami más que a nada en el mundo. Soy fatalista, negativa, imbécil. No mi vida, no soy como Virginia Woolf. A menos que ella haya venido a Bolivia y se haya intoxicado con remedios un 30 de enero, y empezado a morirse de angtustia en una casa no-mía, y Virginia llorara tendida en su cama, pensando en su papi que es el amor de su vida, en lo que no ha dicho, en lo que no ha escrito, lo que no ha cantado, la gente que ha besado, en su hermano que no aparece en por ningún lado de su pieza. Aunque la Ji llore, aunque la Ji reclame. Pienso en no volver a ver al Eder, ni a la Karla, ni al Nibaldo, ni al último chico del que me enamoré. Pienso en nunca más volver a ver a la Antonella. Me pincha de nuevo por cuarta vez en mis no caderitas en menos de 5 días. Virginia, que no es Virginia pero sí hipocondríaca no quiere morirse sin ver la mar lejana. Entonces abre su estuche rosado del color que ella odia y saca un mechón de pelo y 300 pesos que cayeron del techo, se inyecta morfina para que no pase nada y le grita a la maldita, maldita tres veces infame, que sus maldiciones XXXXXX se pueden ir a la mierda.
Not to morirse, con un mechón y 300 pesos en mi bolsillo derecho.

Matrimonios Make Me Blue.
Sábado 9 de febrero.
Sólo días después de haber visto la última película romántica que tocó mi yankee corazón imbécil, fui invitada al primer matrimonio al que había sido invitada en mi vida. Lo veníamos organizando desde hace una semana para que todo saliera perfecto. Ordenamos la casa, compramos chocolates, aconsejamos a la novia, escibimos votos matrimoniales y pusimos las mesas y así, el sábado 9 de febrero me puse mi vestido ochentero y usé tacos azules para la ocasión. Y celebramos entonces, a lo Bolivia's way. Todo un poco kitsch y siempre con la cumbia villera de fondo. Lo bueno de todo eso, era que la Clau y yo éramos la sensación de la fiesta (lo cual no ocurriría si nos fuéramos a veranear a Europa). De pronto se puso a llover, no agarré el ramo, la Clau no me pescaba y empecé a caer en depresión, pensando que era casi un crimen invitar a la gente soltera a los matrimonios. Y de prente sucedió. Un bolivian chico que yo había conocido asías antes me invita a sentarme a su mesa y a beber un poco de cerveza. Conversamos. Era muy gentil, gracioso y cuatro años menor que yo. Cinco. Asús. Me cuenta que casi ha muerto muchas veces, en un choque, en otro choque y en no sé qué otra cosa. Me impresiono aunque ya me lo habían contado antes. La muerte otra vez muchas veces. Me invita a bailar. Bailamos. Bailamos cumbia villera. Desde las mesas todos nos mira, sonríen y saludan. Seguimos bailando. Me agrada y hace mucho que no bailaba con nadie. Paramos, conversamos y volvemos a bailar. De pronto el novio, adorable y borracho, comienza a decirle que tiene que cuidarme porque soy buena persona. Se pone a hablar de rspeto, profilácticos y matrimonio. Llegan otros parientes a palmotearme la espalda y de un momento a otro el niño me toma la mano. Sin que yo me percatara, estaba a punto de casarme con un bolivian chico. Lo que ellos ignoraban, era que yo estaba enamorada del primo del niño, con el cual habíamos intercambiado furtivas miradas y coqueteos varios durante toda la noche. Pero ese niño (para variar) estaba con una niña y además por la casa corría el rumor de que yo iba a casarme con el otro. Ya eran las 4 de la mañana y eso de tener familias gigantes ya me estaba aburriendo. Terminé escabulléndome con mi vestdio ochentero y mi peinado desecho, esta vez sin tacos y con las converts bien puestas, hasta llegar a "mi casa" y esconderme con llave con la Clau en la pieza. Me siento perdida en los fucking años 20.
La película se llamaba "27 Bodas" y lo que más me llenaba de furia, era que Heath Ledger hubiera muerto sin conocerme antes, y que no hay posibilidad alguna de que algún día por alguna remota y bizarra razón, yo me casara con James Marsden.











































































































